Se debate sobre la responsabilidad de los venezolanos emigrados en la reconstrucción de su país, apelando a un sentido de patriotismo.
Se cuestiona si es justo exigir a los emigrantes, que a menudo trabajan en condiciones precarias, que contribuyan económicamente a la ayuda de Venezuela.
Se argumenta que la ayuda debe provenir de los gobiernos y que los ciudadanos que emigraron lo hicieron para trabajar y enviar remesas a sus familias.