Se afirmó que el Espíritu Santo es quien habita en la Iglesia y en cada creyente como templo, unificando a la congregación y permitiendo la presencia de Dios entre ellos.
Se recordó que la Iglesia comenzó a existir con el descenso del Espíritu Santo en Pentecostés, y desde entonces, su misión está íntimamente ligada a Él.
Se mencionó que Jesús prometió dejar el Espíritu Santo como consolador, ayudador e intercesor, y que su presencia es fundamental para que los creyentes no se sientan huérfanos.