Se destacó que el Espíritu Santo guía a los líderes en la solución de problemas ministeriales, como ocurrió en Hechos 15, y que también guía la intercesión de la Iglesia.
Se mencionó la diferencia entre orar en la carne o en la mente y orar en el espíritu, enfatizando la necesidad de entrar en el mundo espiritual guiado por el Espíritu Santo.
Se afirmó que el Espíritu Santo unifica a la Iglesia, mientras que el diablo divide, y que la guía del Espíritu Santo promueve la paz y la unidad entre los creyentes.