Se subrayó la responsabilidad de los líderes cristianos respecto a las personas confiadas por Dios, comparando el cuidado de la grey con el cuidado de las propias responsabilidades terrenales.
Se enfatizó que la confianza depositada por Dios en los líderes es un encargo sagrado, y que se debe rendir cuentas a Él por ello, cuidando a las personas como si fueran la niña de sus ojos.
Se destacó la importancia de la dependencia del Espíritu Santo en la labor de liderazgo, ya que es Él quien elige y pone a las personas a cargo, y a Él se debe responder.
Se mencionó que la relación estrecha con el Espíritu Santo, tal como la de Pablo, permite conocer la voluntad de Dios y actuar en consecuencia, siendo la clave para un servicio eficaz.