Se critica duramente la propuesta de ley que busca modificar la inviolabilidad de la propiedad privada, calificándola de "barbaridad". Se argumenta que el gobierno pretende "inventar la pólvora" y se compara con leyes anteriores como la de glaciares, la de superrigi y la venta de tierras a extranjeros.
Se advierte que esta iniciativa se inscribe en una estrategia de acuerdo geopolítico que podría ceder soberanía energética, territorial y patriótica en favor de minerales estratégicos, tierras y cursos de agua.
Se considera que la ley de expropiación de 1970, proveniente de la dictadura, es una herramienta más adecuada que la propuesta actual.