La ola de calor en París ha llevado a los hospitales a una situación de sobrecarga debido a los numerosos golpes de calor reportados. La situación es particularmente crítica en las residencias para adultos mayores, donde solo el 10% cuenta con aire acondicionado, exponiendo a una población vulnerable a temperaturas extremas.
La ciudad, con su extensa infraestructura de cemento, intensifica el efecto "isla de calor", dificultando la disipación del calor y provocando que las noches no ofrezcan un respiro térmico. Esto se suma a la falta de preparación general de la ciudad para soportar temperaturas tan altas, algo inusual para los habitantes.
Se reportan casos trágicos, como el fallecimiento de dos niños en un auto y ahogamientos en lugares no permitidos. La gente busca desesperadamente formas de refrescarse, como el uso de bebederos públicos y la compra de vaporizadores de agua termal, que se han vuelto muy populares.