Se presenta la séptima bienaventuranza: "Dios bendice a los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios".
Se diferencia a los pacificadores de las personas rencillosas y peleadoras, enfatizando que los pacificadores buscan activamente la paz y la unidad, incluso si otros no están dispuestos.
Se advierte contra el uso del carácter como excusa para la conflictividad y se anima a ser rápido para perdonar y cuidar las relaciones, siguiendo el ejemplo de Jesús.