La autoridad y el poder de Jesús derivaban de su comunión íntima con el Padre y el Espíritu Santo. Esta relación profunda era la fuente de su fortaleza y le permitía llevar a cabo su ministerio.
Se destaca la importancia de aprender de este modelo y cultivar una relación similar con Dios. La comunión con el Espíritu Santo es fundamental para ser efectivos en la misión encomendada.
La conexión entre el Espíritu Santo y la vida, obra y ministerio de Jesús es íntima y crucial. Esta relación debe ser igualmente importante para los creyentes si desean avanzar el reino de Dios.