La morosidad en los créditos personales alcanza casi el 15%, lo que significa que uno de cada seis o siete solicitantes tiene dificultades para pagar. Estos créditos, además, suelen tener las tasas de interés más altas, lo que complica aún más su pago.
Las tarjetas de crédito le siguen con un 12,5% de morosidad, mientras que los créditos hipotecarios se mantienen bajos con un 1,5%, ya que suelen ser los últimos en dejar de pagarse.
El problema se agrava porque muchas personas recurrieron a estos créditos para sostener su consumo durante períodos de ajuste económico, asumiendo compromisos de pago futuros que ahora les resultan imposibles de cumplir debido al aumento de las tasas y la inflación.