La dimisión del primer ministro Keir Starmer ocurre en un momento delicado para las finanzas del Reino Unido, a 10 años del referéndum del Brexit.
El crecimiento económico se mantiene débil, con previsiones de apenas 1% para este año, cifra insuficiente para aliviar la presión fiscal y la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, afectada por la inflación.
La deuda pública se sitúa en el 95% del PIB, generando preocupación entre los inversores. A pesar de la incertidumbre política, los mercados reaccionaron positivamente, cerrando la jornada en alza.