La vida y obra de Jesús estuvieron marcadas por la dependencia del Espíritu Santo para realizar milagros y vencer las obras de Satanás. Jesús mismo afirmó que realizaba milagros por el Espíritu de Dios.
Para arruinar las obras de Satanás y establecer el reino de Dios, es indispensable operar en dependencia del Espíritu Santo. Este poder divino es esencial para enfrentar y vencer las fuerzas malignas.
La sabiduría de Jesús, atribuida al Espíritu Santo, le permitió comprender y actuar en consecuencia. La dependencia del Espíritu Santo es la clave para llevar a cabo la misión encomendada por Dios de manera efectiva.