Se reitera que la gratitud es fundamental para ser lleno del Espíritu Santo, en contraposición a la queja. La boca debe usarse para alabar a Dios y expresar Su palabra.
Ser lleno del Espíritu Santo implica sujetarse a Cristo, hacer morir el yo y actuar con humildad. Se menciona la importancia de la adoración congregacional y de tener conversaciones que no sean quejosas ni criticonas.
La plenitud del Espíritu se manifiesta en poder, autoridad, fortaleza para resistir la tentación, gozo en la persecución y capacidad para enfrentar la muerte. La oración y la obediencia son cruciales para recibir y operar en el poder del Espíritu Santo.