Se critica duramente al 95% del periodismo argentino, calificándolo de "delincuentes" que escriben por mandato o financiamiento de otros países, o responden a intereses de empresarios "prevendarios" en conflicto con el gobierno.
Se acusa a los medios de comunicación de "envenenar a la gente" y de distorsionar la realidad, presentando casos aislados como si fueran la norma general.
Se afirma que, a pesar de las críticas periodísticas, el PBI está en máximos históricos y el consumo también, contradiciendo la narrativa de recesión y pobreza generalizada.