Lito Benavidez relató su fascinación por el cine durante su infancia en Rosario, donde vivía cerca de las distribuidoras de las principales productoras de Hollywood.
Pasaba horas observando las marquesinas y aprendiendo los nombres de actores, directores y técnicos, llegando a ver hasta 12 películas por semana.
Esta pasión por el cine, junto con la música, fueron pilares fundamentales en su desarrollo personal y artístico.