Se enfatizó que el Espíritu Santo guía al creyente, llevándolo a vivir una vida controlada por Él y no por la carne.
Se planteó la pregunta sobre si se suprimen los deseos malos o se alimentan, y se afirmó que no hay nada mejor que ser gobernados, dirigidos y controlados por el Espíritu Santo. La clave es que el Espíritu Santo posea cada aspecto de la vida, iluminándola en lugar de vivir de forma mundana o conforme a la carne.