Se afirma que experimentar una vida de bendición y poder es posible si aprendemos a conocer y cultivar una relación de amor creciente con el Espíritu Santo.
Se compara la experiencia actual con la de los cristianos de la primera hora, sugiriendo que también podemos vivir de manera similar si desarrollamos una amistad con el Espíritu Santo.
Se concluye que la clave está en esta relación y que contar con el Espíritu Santo es la mayor bendición, ya que Él está con nosotros para ayudarnos, alentarnos y perseverar hasta el final.