Se describieron las evidencias de una persona llena del Espíritu Santo: ser guiada por Él, manifestar los frutos del Espíritu y someterse a las Escrituras.
Se destacó que la palabra del Espíritu es la palabra de Dios, y que una persona llena del Espíritu se somete incondicionalmente a ella. La riqueza de la palabra de Cristo debe morar en abundancia en los creyentes.
Además, se mencionó que Dios espera que los creyentes estén llenos de bondad, justicia y buenas obras, y que el Espíritu Santo es quien guía al creyente, controlando su vida en lugar de la carne.