Se cuestiona la corrupción como parte inherente del kirchnerismo, sugiriendo que algunos funcionarios cometen más actos ilícitos que otros. Se menciona la renuncia solicitada a Martín Insaurralde por su "inconducta inaceptable", aunque se critica que el argumento inicial fue su ausencia durante una catástrofe.
Se señala la protección judicial hacia Insaurralde, a pesar de las evidencias. Se hace hincapié en la doble vara con la que se trata a diferentes funcionarios, contrastando la indignación por casos como el de Adorni con la aparente pasividad en el caso Insaurralde.
Se menciona al juez Ernesto Kreplach y su vínculo con el ministro Nicolás Kreplach, sugiriendo un posible conflicto de intereses o una demora injustificada en la investigación de causas.