Se denuncia la aparente connivencia de medios y periodistas con figuras corruptas, ejemplificado en el caso de Jessica Sirio y Martín Insaurralde, quienes supuestamente acumularon millones de dólares de forma ilícita. El periodista critica duramente a quienes festejan el embarazo de Sirio y a los medios que no cubren estos escándalos.
Se cuestiona la falta de empatía y la complicidad de figuras públicas con el poder, quienes cambian de pareja y ocultan su pasado. Se hace hincapié en la diferencia entre quienes trabajan honestamente y quienes viven del poder.
El periodista se defiende de las críticas a su estilo, afirmando que su vehemencia es un reflejo de su indignación ante la inmoralidad y la impunidad, y que su única protección es la divina.