La situación de los colectivos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es alarmante, con unidades que presentan un estado de deterioro crítico y patentes de más de 10 años de antigüedad. A pesar de recibir subsidios, las empresas parecen no invertir en el mantenimiento adecuado, generando un grave riesgo para los pasajeros.
Se reportan casos de colectivos con cubiertas desgastadas, chapa agrietada y falta de calefacción o aire acondicionado, evidenciando un abandono generalizado. La falta de controles por parte de las autoridades y la aparente connivencia con empresas y sindicatos agravan el problema.
La investigación periodística expone la posible corrupción en la asignación de subsidios y la extensión de prórrogas para circular, mientras los usuarios se ven obligados a utilizar un transporte público en condiciones deplorables. Se cuestiona el rol de la UTA (Unión Tranviarios Automotor) por su aparente inacción ante esta problemática.