Cala expresa su escepticismo sobre la posibilidad de una transición política democrática en Cuba desde adentro, dado los 70 años de adoctrinamiento comunista y la falta de experiencia electoral y participación política de la población.
Considera que la única opción viable podría ser una transición bajo la tutela de Estados Unidos y de cubanos en el exterior, o incluso la idea de que Cuba se convierta en un territorio asociado a EE.UU., similar a Puerto Rico.
Aprueba la presión externa, como la de Trump sobre Maduro en Venezuela, para generar un movimiento telúrico en el gobierno cubano y forzar una reorganización. Sin embargo, prefiere que la amenaza sea suficiente para que el régimen se vaya, abriendo paso a una amnistía y una transición política.
Critica al comunismo como el peor experimento social y a los gobiernos de Cuba por empobrecer la isla, a pesar de sus esfuerzos recientes por abrir la economía e invitar a la inversión, lo cual considera una falta de confiabilidad.