Gonzalo Garcés explica que eligió los relatos bíblicos por su sensibilidad hacia la belleza y el misterio, no por ser religioso. Señala que los personajes bíblicos, lejos de ser ejemplares, son intensamente defectuosos, canallescos o incluso "locos", lo que los hace conmovedores.
Garcés enfatiza que la Biblia no presenta a Dios como alguien que siempre premia a los buenos y castiga a los malos, sino que muestra la complejidad y las contradicciones humanas.