Cuba ha dado un primer paso para transformar su economía con la aprobación de medidas para descentralizar y desregularizar la operación de su aparato productivo. Estas reformas, discutidas y aprobadas en primera votación por el Comité Central del Partido Comunista, buscan dinamizar la agricultura, el comercio exterior y el sector inmobiliario.
Las reformas permitirían una mayor autonomía a las empresas estatales y municipios, y facilitarían la entrada de nuevos actores en el sector turístico, así como la inversión extranjera y de cubanos no residentes. Se busca un cambio de paradigma en un país mayoritariamente estatizado, con el objetivo de enfrentar la crisis actual y evitar consecuencias irreversibles.
Estas medidas llegan en un momento de presión por parte de la administración de Donald Trump, cuyo vicepresidente, J.D. Vance, ha declarado que una mejor relación binacional dependerá de que La Habana tome "las decisiones correctas". Los problemas económicos de Cuba se han agudizado, con una caída del PIB del 15% en los últimos seis años, agravada por el bloqueo estadounidense.