Se presentó el caso de Miguel, quien relató su dura infancia marcada por la carencia, el alcoholismo de su padre y la pobreza extrema, llegando a situaciones límite como cocinar carne en mal estado.
A pesar de sus esfuerzos por formar una familia y evitar repetir patrones negativos, Miguel se vio envuelto en deudas y dificultades económicas. Su vida cambió al aceptar la invitación a la Iglesia Universal.
A través de la fe y la fidelidad a Dios, Miguel logró superar sus adicciones, mejorar su economía, formar un negocio próspero y reconstruir su relación familiar, destacando la importancia del Espíritu Santo en su transformación.