Se relata la confusión generada por noticias falsas sobre la muerte de figuras públicas, como en el caso de Antonio Ríos y Cacho Fontana.
En el caso de Ríos, se anunció su muerte, pero luego se confirmó que seguía vivo. Con Cacho Fontana, también circuló la noticia de su fallecimiento, que resultó ser falsa.
Se critica la falta de chequeo de las fuentes y la rapidez con la que se difunden estas informaciones erróneas.