Se subraya la importancia de la presencia y guía del Espíritu Santo en la vida de los creyentes para diferenciar un trabajo estéril de uno sobrenatural y milagroso.
Se advierte contra la tentación de buscar ayuda en otras fuentes ("bajar a Egipto") y se enfatiza que la única fuente de esperanza es Dios. Se destaca que acudir y depender del Espíritu Santo honra a Dios y es la base para una vida bendecida.