El pastor Cinalli instó a depender de la guía del Espíritu Santo en lugar del propio corazón, al que describió como "lo más engañoso y extremadamente perverso". Advirtió contra la idea de que el corazón deba gobernar la vida, citando la Biblia para reforzar que los sentimientos no son seguros.
Llamó a seguir la voluntad de Dios y a depender del Espíritu Santo, en contraposición a dejarse dominar por impulsos y emociones. El desafío para el nuevo año, según el predicador, es depender menos del corazón y más de la guía divina para una vida segura.