Se inició un debate teológico sobre la naturaleza del Espíritu Santo, cuestionando si es Dios mismo o una fuerza invisible emanada de Él. Se mencionó la creencia de que el Espíritu Santo no es una persona, sino una fuerza.
Se afirmó que las Escrituras aclaran que el Espíritu Santo es Dios. Como ejemplo, se citó el caso de Ananías, a quien Pedro le dijo que había mentido al Espíritu Santo y a Dios, implicando que mentirle al Espíritu Santo es mentirle a Dios.
Se argumentó que el Espíritu Santo es una persona porque se le puede mentir, algo que no se puede hacer a una fuerza o influencia. Se adelantó que se presentarán atributos del Espíritu Santo que solo corresponden a Dios.