Se analiza el caso de María Brañas, quien vivió 117 años, y los estudios realizados para comprender los factores de longevidad. Se destaca que, si bien la genética juega un rol (como la predisposición a tener buenos niveles de coenzima NAD y la activación de genes de la longevidad como las sirtuinas), los hábitos de vida son fundamentales.
Los análisis de María Brañas revelaron una microbiota similar a la de una persona joven, bajos niveles de inflamación (a pesar de una dieta rica en grasas saludables, especialmente omega 3) y una edad biológica 15 años menor que su edad cronológica. Estos hallazgos sugieren que el envejecimiento puede ser un proceso tratable.
Se menciona la importancia del NAD (nicotinamida adenina dinucleótido) en la longevidad y cómo su producción disminuye con la edad. La Telomerina NAD se presenta como un suplemento clave para aumentar los niveles de NAD, proteger el ADN y prevenir la formación de "células zombie", contribuyendo a una mayor calidad de vida en la vejez.