Una mujer declaró ante la justicia que la dueña del boliche Guachitas se dedicaba a llevar y traer menores de edad, funcionando básicamente como un prostíbulo.
La declarante afirmó que, si bien no hubo coacción directa para ejercer la actividad, la situación económica la llevaba a trabajar allí. Detalló que en el local había una habitación con baño, pero que a las trabajadoras se les proporcionaba solo papel higiénico y agua para su higiene personal.
La mujer decidió hablar públicamente y ante la justicia para visibilizar la situación de muchas otras jóvenes que atraviesan circunstancias similares. Señaló que en el local concurrían personas de todas las edades, pero que los servicios sexuales eran requeridos por hombres mayores, de 40 años en adelante.
La justicia investiga si se trata de trata de personas, aunque la declaración inicial sugiere que no habría coacción, lo que podría derivar en expedientes paralelos.