Se reflexiona sobre la capacidad de disfrute de la vida, contrastando a personas que viven a full, como una mujer trasplantada que valora cada momento, con aquellas que se sumergen en el drama mediático y pierden la habilidad de disfrutar.
Se critica la actitud de quienes se quejan constantemente y viven con negatividad, en contraposición a quienes aprecian las nuevas oportunidades y viven plenamente, sugiriendo que es un desperdicio no saber disfrutar de la vida.