En Suecia, la caza de focas grises se ha convertido en una herramienta de gestión poblacional y científica, autorizada anualmente para entre mil y dos mil ejemplares. El ecólogo marino Peter Ljungberg considera que esta práctica es fundamental para regular la población de focas y mantener un ecosistema equilibrado que incluya tanto a estos animales como a una pesca costera activa.
La caza se realiza en el hábitat natural de las focas, cerca de Karlskrona, donde se las atrae con ruidos y otras señales para facilitar el disparo. Sin embargo, cazar a estos animales en el mar presenta dificultades debido a su agilidad y capacidad de sumergirse. A pesar de los desafíos, la medida busca controlar la población de focas, que en el Báltico supera los 55.000 ejemplares, la mayoría en costas suecas, y que representan una amenaza para la pesca tradicional.