La expansión de las focas grises en el mar Báltico se ha convertido en un grave problema para los pescadores de la región, quienes denuncian que estos animales vacían sus redes y dificultan su labor. En Letonia, pescadores como Giannis Crumens, de cuarta generación, ven reducidas sus capturas significativamente. Una foca gris adulta consume aproximadamente 10 kilos de pescado al día, lo que impacta directamente en la cantidad de peces disponibles para la pesca comercial.
Ante esta situación, los pescadores se ven obligados a modificar sus métodos. En Letonia, Giannis utiliza un sistema de varias redes con una trampa central y una bomba para succionar los peces, optimizando el tiempo de vaciado de las redes. El gobierno letón apoya a estos pescadores con ayudas, como la bomba utilizada, para mantener la viabilidad de la pesca costera, a pesar de las dificultades. Sin embargo, la cantidad de peces capturados sigue siendo baja, afectando la rentabilidad del sector.
En Alemania, la situación es similar. Biólogos del Museo del Mar de Stralsund estudian el comportamiento de las focas y su impacto en los caladeros. Aunque la caza de focas está prohibida en Alemania, en otros países como Suecia se ha autorizado. Los pescadores alemanes se ven aún más limitados por cuotas estrictas, y la presencia de focas agrava el problema, llevando a que abandonen ciertas zonas de pesca por no ser rentables.
En Suecia, se están probando nuevas tecnologías, como la "trampa de pontón", desarrollada por el ecólogo marino Peter Leonberg, para intentar mitigar el conflicto. Esta trampa, diseñada para evitar la entrada de focas, se utiliza junto con redes de un material resistente que los animales no pueden morder. La colaboración entre científicos y pescadores es vista como clave para encontrar un equilibrio entre la conservación de las focas y la sostenibilidad de la pesca costera.