La franja de Gaza atraviesa una severa crisis hídrica exacerbada por una ola de calor, que intensifica el sufrimiento de la población desplazada. La escasez de agua y el deterioro de las condiciones humanitarias son evidentes en los campos de refugiados, donde hombres, mujeres y niños forman largas filas para cargar bidones y botellas de agua de camiones de distribución.
La infraestructura hídrica de Gaza ha sufrido graves daños a causa de la guerra, y la falta de mantenimiento y rehabilitación agrava constantemente la situación. La comunidad internacional observa con preocupación el empeoramiento de la crisis, que afecta directamente la salud y el bienestar de miles de personas en la región.