La Franja de Gaza enfrenta una grave crisis hídrica, exacerbada por una ola de calor que agrava el sufrimiento de las personas desplazadas. La escasez de agua y el deterioro de las condiciones humanitarias son evidentes en los campos de refugiados, donde hombres, mujeres y niños forman largas filas para conseguir agua potable.
La crisis se debe a los daños sufridos por la infraestructura hídrica a causa de la guerra, así como al estancamiento de las labores de mantenimiento y rehabilitación. Las altas temperaturas, que oscilan entre los 30 y 35 grados, intensifican la necesidad de agua y empeoran las condiciones de vida.
Además, los hospitales en Gaza están al límite por la escasez crítica de combustibles y suministros médicos, lo que ha obligado al cierre de departamentos esenciales y a posponer cirugías importantes. La situación humanitaria en la zona es crítica y requiere atención urgente.