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Corazón humano: un horno listo para arder en la tentación

Tensión: intercambio (30°)

Se compara el corazón humano con un horno, y a Satanás con el panadero que lo calienta con tentaciones. A diferencia del corazón de Jesús, que no contenía "combustible de corrupción", los corazones humanos, desde la caída de Adán y Eva, están calientes y propensos a arder ante las flechas incendiadas del enemigo.

Esta combinación de un corazón ardiente y la tentación del diablo crea una "combinación perfecta para el desastre", facilitando la caída en el pecado.