Se realizó una oración pidiendo a Dios que bendijera el agua, infundiéndola con su poder y unción para la sanación y protección. Se enfatizó que el agua consagrada actuaría contra todo mal, incluyendo obras de magia, hechicería y brujería.
Se ordenó la salida de toda opresión, atadura y perturbación, declarando que el mal abandonaría los hogares y las familias. Se animó a los creyentes a apropiarse de las bendiciones divinas y a confiar en el poder de Dios.