Se argumenta que para que una familia tenga éxito, se necesita más que amor; se necesita a Dios. Cuanto más espirituales sean los integrantes, más fuerte, duradera, armónica y feliz será la familia.
Se señala que el aspecto espiritual de la familia es a menudo infravalorado y menospreciado, a pesar de ser la clave de su duración y bendición. Cuanto más cerca estén los miembros de Dios, más cerca estarán unos de otros.
Se concluye que la unidad familiar es el resultado de la unidad de cada uno de sus integrantes con Cristo. La vida espiritual es presentada como el pilar fundamental para una familia exitosa y bendecida.