Una segunda noche consecutiva de violencia sacudió Irlanda del Norte, con manifestantes encapuchados enfrentándose a la policía antidisturbios en localidades cercanas a Belfast. Los incidentes, que incluyeron el lanzamiento de bombas molotov, dejaron 12 oficiales heridos.
El detonante de las protestas fue el ataque con cuchillo a Stephen Ogilvy, quien perdió un ojo y se encuentra internado. El acusado es un ciudadano sudanés de 30 años, imputado por intento de asesinato. A pesar de los llamados a la calma de la familia de la víctima, las redes sociales avivaron la rabia y la estigmatización de los migrantes.
Las autoridades británicas calificaron los hechos de delincuencia racista. Una enfermera fue perseguida e intimidada, familias fueron expulsadas de sus casas y la mezquita más importante de Irlanda del Norte debió cerrar sus puertas. Algunos manifestantes, sin embargo, argumentan que salir a la calle es una respuesta a la violencia.
Las redes sociales jugaron un papel central en la difusión del video del ataque y la convocatoria a las protestas. A pesar de la violencia, algunos habitantes expresan esperanza y la convicción de que la acción puede generar un cambio. Sin embargo, las minorías étnicas viven con miedo y temen ser atacadas.