Violentos disturbios antimigratorios se desataron en Belfast, Irlanda del Norte, tras un intento de asesinato a un trabajador de salud por parte de un inmigrante senegalés.
Como reacción, grupos de manifestantes atacaron vehículos, autobuses y viviendas asociadas a comunidades migrantes.
El primer ministro británico, Keir Stramer, condenó los actos de violencia y las protestas basadas en nacionalidades, afirmando que no serán permitidas.