Se denuncian las consecuencias de la reforma laboral y la política económica de Javier Milei, incluyendo despidos masivos, cierres de empresas (como FATE y Lacteos Verónica) y el avance del "industricidio".
Se critica el fracaso del neoliberalismo monetarista y se advierte sobre un plan de "genocidio económico" que busca la destrucción de la industria y los derechos laborales.
Se alerta sobre la posible instalación de un "tecnofascismo" a través de empresas como las de Peter Thiel, que buscarían crear ciudades privadas sin control democrático y con una dictadura de monopolios.