Graciela comparte su testimonio, relatando que sufría de un dolor muy fuerte en todo el cuerpo desde hacía años, y que los médicos le indicaban que debía aprender a vivir con ello. Tras la oración del pastor, sintió un calor que recorrió su cuerpo y el dolor constante desapareció.
Relata con asombro que empezó a moverse y no podía creer la mejoría. Da toda la honra y gloria a Dios por el milagro recibido, destacando el "mover de Dios" y cómo las personas, al poner su fe en obra, prueban que Dios honra la fe.