Con la ayuda de Dios, Santiago comenzó a recibir fuerzas renovadas para superar sus adicciones, algo que antes le resultaba imposible a pesar de sus intentos. Las recaídas eran frecuentes y peores que la adicción anterior.
Al participar en las reuniones y poner sus fuerzas en Dios, experimentó una transformación total en su vida. La recepción del Espíritu Santo potenció este cambio, transformando su mente y renovando su ser. Todo comenzó con una decisión firme de buscar a Dios.