Se profundiza en la capacidad de la IA para programar de forma autónoma, con "agentes" que pueden recibir tareas, priorizarlas y ejecutarlas, reduciendo la necesidad de intervención humana directa en ciertas fases del desarrollo de software.
Se plantea la inminente llegada de plataformas donde los usuarios podrán crear sus propios asistentes personales de IA con funciones específicas, pagando una suscripción mensual.
Surge la pregunta sobre el futuro de la democracia y la necesidad de repensar los sistemas de toma de decisiones ante estos avances tecnológicos, comparando los enfoques de regulación de la Unión Europea y Estados Unidos.