El líder de Hezbollah, Naim Qasem, dinamitó el escenario de negociaciones al rechazar rotundamente el acuerdo de alto al fuego entre Líbano e Israel, calificándolo de "hoja de ruta para aniquilar parte del pueblo libanés". Qasem exigió la retirada total de Israel del territorio libanés y prometió continuar los ataques mientras exista presencia israelí.
Este rechazo directo de Hezbollah pone en tela de juicio la autoridad del gobierno libanés, representado por el presidente Joseph Aoun, quien había anunciado que Líbano informaría a Washington su posición sobre el acuerdo. La actitud de Qasem sugiere que la última palabra sobre la guerra y la paz en Líbano recae en Hezbollah, no en el gobierno constitucional.
La situación se agrava con el agradecimiento de Qasem al apoyo de Irán y la reivindicación del "frente de resistencia" por parte del ayatolá Mojtaba Khamenei desde Teherán. Esto plantea la interrogante de si Hezbollah responde al Estado libanés o a una estructura regional con centro de gravedad en Irán, complicando aún más las negociaciones internacionales.