Dentro de la casa de Gran Hermano, se desató un conflicto por el control de la cocina y la administración de los alimentos. Luana expresó su frustración por no poder gestionar sus emociones ante las situaciones que se presentan, lo que la llevó a sentirse insegura.
El panelista señaló que la cocina se ha convertido en un "factor de poder" dentro de la casa, donde los participantes se enojan y se ponen a la defensiva. Se criticó que algunos concursantes, como Manu, han prohibido a otros consumir ciertos alimentos, como el aceite, bajo el pretexto de cuidar los recursos, pero luego se los ve consumiéndolos ellos mismos de forma individual.
También se mencionó el caso de Chincia, a quien le "robaron la cafetera" y se le tocó el café, lo que generó indignación. La falta de equidad en el acceso y uso de los recursos alimenticios es un punto de tensión constante en la casa, reflejando las dinámicas de poder entre los participantes.