Drones y misiles rusos bombardearon Kiev y otras ciudades de Ucrania, causando la muerte de al menos 17 personas y dejando más de 100 heridos.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, calificó los ataques como una clara declaración de Rusia y advirtió que continuarán si Ucrania no está protegida. Instó a las naciones europeas a desarrollar sus propios sistemas de defensa aérea y solicitó más apoyo de Estados Unidos, especialmente en misiles para los sistemas Patriot.
El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andriy Zivilla, calificó la oleada de ataques como un desastre y señaló que a Vladimir Putin se le están agotando las opciones.