Se describe la psiquis de los victimarios como aquella en la que el otro es un "objeto" o "algo" y no una persona, un fenómeno de "otredad".
Se aborda el concepto de "dislocación moral", donde los agresores establecen una moralidad propia que les permite justificar sus actos, creyendo no estar haciendo el mal.
Se advierte contra la idea de inimputabilidad por psicopatía, aclarando que no son enfermos ni psicóticos, sino que comprenden sus actos pero carecen de frenos morales.