El análisis psíquico de los delincuentes revela una particular estructura donde el otro es visto como un objeto, no como una persona. Se describe un fenómeno de "otredad" donde el otro es subsidiario a los intereses propios.
Estos individuos desarrollan una "moralidad" adaptada a sus necesidades, considerándose no estar obrando mal. La peligrosidad radica en esta dislocación moral y la ausencia de frenos inhibitorios. El pasaje al acto es inmediato ante obstáculos a sus fines.
Se advierte sobre el peligro de la simplificación al tildar a estos sujetos de "psicópatas", ya que no son enfermos ni psicóticos, sino que comprenden sus actos. Su construcción del mundo y del otro está ligada a sus propios intereses, actuando sin límites morales.