El concepto de "enemigo interno" evolucionó tras la caída del Muro de Berlín, identificando a movimientos sociales como el MST (Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra) en Brasil como amenazas al orden regional. Las Cartas de Santa Fe, documentos de asesoría pública del gobierno de Estados Unidos, señalan explícitamente al MST como un actor que desestabiliza mediante la ocupación de tierras.
Esta narrativa posiciona a los pueblos originarios, tradicionales y movimientos campesinos como enemigos del orden democrático liberal, garantizando la estrategia económica de reprimarización de la región. En este contexto, la lucha por la tierra se vuelve central. El MST, el movimiento campesino organizado más grande de América Latina, reclama tierras estatales que deberían ser adjudicadas a la reforma agraria según la Constitución de 1988, pero cuya aplicación depende de la voluntad política del Estado brasileño.